Cuando decidí ser empresaria

Hoy, hablando con una muy buena persona, recordé porqué estoy en el lugar que estoy. 

Muchas veces me pregunté porqué me quedé en Pérez Zeledón y no me fui a la capital o a otro país a trabajar. 

Fueron momentos muy difíciles… Lloré mucho, dudé más de lo que quería y me sentía desdichada. 

Mis hermanos me dieron la opción de ayudarles en un nuevo proyecto que tenían, una cafetería, mientras encontraba un trabajo bueno. 

De un pronto a otro, ya tenía 2 meses de trabajar en ese proyecto y me propusieron matrimonio. 

¿Debía quedarme o irme? 

Para mí dicha, mi novio en aquel entonces no me dio opción. Vivir año y medio separados por cientos de kilómetros no era una costumbre que él quisiera seguir y dejar Pérez no estaba en sus planes. 

Otra vez lloré mucho. 

Generalmente el compromiso es una época muy feliz, pero para mí al principio no fue tan mágica. 

Tenía que decidir mi futuro. ¿Cómo hacerlo? Solo tengo 22 años y siento que aún no sé nada de lo básico… O ¿sí? 

Podría irme para San José, conseguir un buen trabajo, bien remunerado pero seguir estando lejos de los míos y lidiando con decenas de minutos perdidos en presas. No gracias. 

Fabio, no siempre me gustó, pero Dios es así, te pone a la gente que necesitas y no es precisamente la que esperabas.


Fabio ha sido la decisión más loca que he tomado, su  manera de ser es tan dulce y envolvente que no me pude contener por mucho tiempo. Él era vida, era amor, era por quien tanto había orado. 

No me ofrecía oro, me ofrecía amor sincero. 

Pero él ya no quería seguir divagando, él quería establecerse y formar una familia. 

Por otra parte yo, yo no sabía que quería. 

¿Quería una gran boda? ¿Podría enfrentar el matrimonio? ¿Era muy joven? ¿Y si no es él? 

Uno y tanto afán. Estaba tan preocupada por cosas que aún no estaban en primera plana que se me olvida mi entorno. 

Y justamente mi entorno inmediato era Fabio. 

Y como mandado del cielo me dijo: “si usted quiere una gran boda, hacemos una gran boda, si no, vamos, firmamos y ya”. 

Decidimos pensar en nuestro futuro, tomar todo el dinero destinado para alimentar a decenas de comensales en una boda de ensueño y comprar acciones de ese proyecto de mis hermanos. 

Nadie lo entiende, cambié mi boda por un proyecto de vida.

No fue tan difícil aceptarlo, siempre creí que Dios me había hecho algo diferente: me casé con el hombre que amaba y quien Él había escogido para mí en una boda tan íntima que podía sentirme en casa. 

El Cafetín, ha sido mi bebé. Hemos trabajado mucho, sudado demasiado y nos hemos preocupado con frecuencia, pero Dios ahí lo mantiene, constante y volviéndose cada día más fuerte. 

Mis hermanos y el equipo de trabajo, ha hecho que hoy pueda ver ese sueño, aquella que fue una pequeña cafetería, como un lugar en el que Dios me enseña constantemente. 


Dejé mi reporteo diario por ayudar a la gente qué decidir para comer, ya no tengo que llevar maquillaje para las cámaras, hoy mi fiel compañero en un moño y unas tenis. 

Hoy soy feliz por lo que he construido, porque soy versátil y porque me las ingenié para que el periodismo y El Cafetín pudieran converger. 

Sí, tengo 22 años, tengo 9 meses de casada, soy profesional y trabajo en mi propia cafetería. 

Si quieren conocer más de mi historia, pasen al café, con mucho gusto les sigo contando. 

Con mucho cariño y desde lo más profundo de mi corazón, 

Bárbara. 

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2 comentarios en “Cuando decidí ser empresaria

  1. Vero Ramírez dijo:

    Sin duda tomaste el camino más largo y empedrado. Tuviste que tomar decisiones, tomar control de tu vida y empoderarte. Pero bueno, y sino, de que se trata la vida???
    Muchas personas tienen distorsionada la idea del éxito…para mí, el éxito se alcanza en todo lo que aprendemos en el viaje, en el viaje del emprendedurismo, en las caídas, raspones, momentos de gozo…etc es todo un aprendizaje… Sin duda Bárbara, tuviste que hacer elecciones, pero elecciones de valor para tu vida, en unos años verás hacía atrás y te sentirás llena de orgullo, porque decidiste ser fiel a lo que creés, caminar firme y con visión! Sigue adelante.
    Recuerda, “no existen atajos para llegar a lugares donde valga la pena ir “.
    Saludos!!!

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