Creando su propia suerte

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Sus manos no son el reflejo de lo que etiqueta la sociedad.

Ella brilla sin necesitar reflectores: Nana, es, sin duda alguna, una mujer que todos voltean a ver cuando pasa.

A sus treinta y tantos años, con dos hijos y un esposo, muestra un físico producto de su disciplina en sus rutinas de ejercicio y su dominio propio en las comidas.

La primera vez que la vi pasar, me parecieron una pareja bastante singular: con ropa deportiva, ella con el cabello rapado, el con cara de pocos amigos, pero a la hora de tratarlos, todos los estereotipos que inclusive yo había dibujado, se desvanecieron.

Maureen (de cariño: Nana), abrió las puertas de su corazón conmigo. Tuvimos una conversación como la tienen las amigas de años, con risas, confesiones y lágrimas.

Nacida y criada (por lapsos) en Pérez Zeledón, Nana desde niña supo que la suerte no estaba de su lado, que si quería éxito, tenía que arrebatarlo. Años después confirmó el porqué.

Su madre, sacó adelante a su familia, mientras que Nana dejaba de lado su niñez para dedicarse a la crianza de sus hermanas.

Pero así como a muchas personas les aconteció, de la tierra generaleña, no emanaba progresión y tuvieron que trasladarse a la capital.

No fue hasta que tiempo después, el papá de Nana, pidió que volviera, en lo que iba a ser un calvario hacia la verdad.

‘’Recuerdo un día que una persona me preguntó que si había visto el esposo salir de una casa cerca y yo le dije: no he visto nada, a lo que esa persona me dijo: No me diga la verdad, pero usted no es hija de su papá’’, expresó.
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Aún con su infancia en sus brazos, se quedó sentada en una piedra y esperó a que su papá llegara del trabajo, para enfrentar la crueldad de aquellas palabras.

Con un maletín con ropa y todos los ideales destrozados, se devolvió a San José, con su mamá, hermanas y un nuevo padrastro.

Sin poder seguir el nuevo ritmo de vida con toda su nueva familia (llegaron más hermanos después), Nana decidió que tolerar un padrastro alcohólico y agresor no era su estilo.

Tomó nuevamente su maleta y, en medio e las calles josefinas, se fue a vivir con su tía y le montón de primos.

Consiguió trabajo en una confitería y el sol volvía a salir en su vida, tenía dinero para comprarse sus cositas y a sus hermanas (sus visitas eran restringidas a 10 minutos, las lágrimas y abrazos no rendían el tiempo).

Su independencia avanzaba y así su necesidad de amor, y fue ahí, donde encontró la pareja ‘’ideal’’ para crear la familia que tanto había añorado.

El patrón se volvió a repetir, un esposo alcohólico y agresor, su vida empezaba nuevamente a irse de pique… y Dios de repente aparece y le envía un motivo para demostrarle que el amor SÍ existe: Nana estaba embarazada.

Sus ganas de vivir, de luchar y de trabajar se incrementaron más de lo que creía que podía.

Poco a poco su naturaleza de madre la llevó a ser la mejor en lo que hacía y pudo sacar adelante a su hija, mientras su pareja tocaba todas las noches su puerta como ese fantasma que atormenta todas las noches.

Infidelidades, soledad, vacíos, desesperación y otros adjetivos, también caben en esta historia.

Luego de momentos difíciles, quedó embarazada de su segundo hijo y esta vez no había marcha atrás. La valentía no era una opción.
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Su relación con su madre era casi nula, lo único que tenía eran dos criaturas y sus ganas de que la suerte se apiadara de ella.

Ante la muerte de su padrastro, decidió visitar a su mamá. Se llevó la sorpresa de ver a su madre en el polvo: aquella mujer valiente que la recordaba de niña, se había desvanecido.

Dicen que lo que se ve no se pregunta, Nana nunca más volvió a su casa con su esposo.

Con sus hijos, sus hermanos y su mamá, Nana inició una nueva vida.

Después de un largo duelo, su madre, consiguió un empleo al igual que Nana. Juntas iban a sacar adelante al montón de niños que había en casa.

Nana, gracias a su personalidad extrovertida y única, pudo trabajar con compañías como Coca Cola y Kimberly Clark, ya que lo de tener entretenida a la gente y hablar es lo de ella.

También, paralelamente, estudiaba y tenía que ayudar a sus hijos en sus tareas.

Entre su carisma, sus bailes y sus ocurrencias, conoció a un payaso y ahí se abrieron todos sus horizontes. Una nueva etapa iniciaba en su vida, la de la payasita Mini.

El que quiere puede y Nana quería ser payasa. Mientras estudiaba para sacar el colegio, veía tutoriales en Youtube y practicaba en el montón de caritas que tenía en su casa, pudo hacer realidad su nuevo sueño.

‘’Mini’’ había llegado no sólo a alegrar la vida de muchos niños, sino había iluminado su propia vida.
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‘’Nunca supe que tuve un don hasta que Dios me lo expuso’’, cuenta con cierta nostalgia.

La suerte al fin, estaba teniendo compasión de ella.

Nana venía arrastrando dolores fuertes durante sus periodos menstruales, las inflamaciones ya amenazaban con no ser normales . Se hizo en un año 8 papanicolaus en los cuales los doctores le indican que eran una infección.

Siempre he pensado que las mujeres tenemos una malicia indígena para detectar cuando algo no está bien.

”Mi mamá me dijo que fuera donde un doctor nuevo. Saqué una cita y me hice nuevamente el papanicolau. El doctor se quedó extrañado cuando vio que tantos exámenes decían lo mismo y nada mejoraba. A los días estoy en el gimnasio y recibo una llamada, era del doctor que me indicaba que en el examen no habían salido los resultados esperados, que necesitaba urgente que nos viéramos. Ahí termino mi rutina del día en el gimnasio’’.
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Era cáncer en el cuello del útero y había que intervenirla lo más pronto posible. Nana le dijo a su madre que era una cirugía menor y que no era gran cosa.

La recuperación y todas las demás dolencias que acontecieron después, le traen varias lágrimas en sus ojos, fueron momentos realmente difíciles.

Tenía una familia que dependía de ella. Morir nunca tampoco fue una opción.

Lo que parecía que una cirugía era la solución a su nueva adversidad, solo desencadenó muchas cirugías y dolor.

En ese camino de agonía, conoció a aquel ángel que Dios le había mandado. ‘’Ale’’, su ahora esposo y quién la ayudó a criar a sus hijos, es su fiel compañero.

Petición tras petición, Dios fue respondiendo a su tiempo, con calma pero con sabiduría.

Hoy, entrena en el gimnasio todos los días, cada sesión es una batalla ganada contra todos los pronósticos de que la suerte no estaba a su favor.
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Su personalidad cautiva, sus ocurrencias sorprenden pero sus ganas de vivir enamora.

Hoy disfruta la vida, porque le ha costado, ella tuvo que forjarse su propio destino.

Y cuando la vida misma le había puesto un punto final a su historia, ella decidió que era un punto y seguido.

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Un comentario en “Creando su propia suerte

  1. Larissa Mena Navarro dijo:

    Que bella historia como hay tantas mujeres tan luchadoras y tan optimistas a pesar de las pruebas son constantes y no se dejan vencer . Es un ejemplo de motivación .. quien dijo que era fácil llegar a la montaña …

    Me gusta

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