Visitando tierra INCA Parte 1

En mi gran sueño por comerme el mundo, pude realizar un viaje con mi hermano y mi cuñada a la tierra que alberga una de las maravillas del mundo: Perú.

Fue un viaje tan espontáneo que ni nos dio tiempo de pensar que teníamos sólo dos meses para planearlo todo y eso le dio más adrenalina.

Siempre he pensado que las cosas que no son calculadas, hacen que una parte del alma salga a la luz y que uno se desprenda de un montón de miedos.

He sido un tanto compulsiva (más de lo que me gustaría) y mi hermano Juan Carlos, es muy calculador. Pero como estamos juntos en todo, juntaríamos miedos y aceptamos el reto.

Emprendimos nuestro viaje desde el aeropuerto Juan Santamaría a las 3 de la mañana, hicimos escala en Bogotá, Colombia y posteriormente tomamos un vuelo directo a Cusco.
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El aeropuerto era bastante pequeño y un poco improvisado.
La ciudad es bastante arcillosa, lo que tiene el aspecto de sucia y desorganizada. Cusco parece ser una tierra olvidada del Perú.
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En este viaje, quisimos intentar el gran mundo de los hostales. Busque en una página dedicada a ellos (www.hostelworld.com) y me pareció súper práctica.

El precio fue bastante accesible, por lo que estábamos un poco asustados de qué nos esperaría.

En la recepción, había un joven bastante amigable y relajado, su acento parecía de algún país vecino.

Bajamos las escaleras y nuestra habitación era de dos camas individuales y un camarote. A los 10 minutos después llegó nuestra compañera de cuarto, una estadounidense llamada Felicia.

Era nuestra primera vez en un lugar así y nos sentimos incómodos, nos volvimos a ver como para buscar consuelo en alguna mirada. Rompí el hielo con mi extravagante acento latino al hablar inglés.

No era la primera vez de ella en un lugar de esos, de hecho ella venía a mochilear por toda Suramérica varios meses.

Salimos a recorrer la ciudad en busca de un café que nos calentara los huesos. Esto de vivir en países tropicales no hace justicia cuando uno se expone al frío.
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El día era nublado y las calles repletas de turistas. Cada cinco pasos te ofrecen masajes y las famosas prendas de 100% alpaca.

Cambiamos nuestros dólares en soles en una casa de cambio autorizada y buscamos un lugar para comer.

Teníamos grandes expectativas con la comida peruana. De entrada probé una sopa de quinoa, bastante buena, similar a un caldo de pollo.

El precio es bastante accesible, se puede comer bien con 10 dólares.

La noche fue bastante fría y las camas un tanto incómodas.
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Al día siguiente nos levantamos para emprender nuestro viaje a Valle Sagrado, Pisaq y Ollataytambo.

Los paisajes eran encantadores: montañas que guardan miles de historias, nativos cargados de años y esfuerzos, llamas destinadas al comercio.

Conforme nos íbamos alejando de Cusco, el clima era más agradables, más caluroso. Es indispensable llevar ropa para el frío cuando se está en Cusco y prendas un tanto menos calientes para realizar los tours fuera de la ciudad.

El Valle Sagrado es intocable para los lugareños. Se dice que en este Valle es fértil cualquier cosa, por eso los incas lo resguardaron tanto. En esta zona hay maíz para todos los gustos, de tamaños normales hasta gigantes como una bolincha.

Todos estos sitios arqueológicos tienen una magia insuperable. Están tan bien construidos que cada detalle fue pensado en el progreso.

Al llegar a nuestro destino final del día, Ollataytambo, un pueblito a dos horas y media de Cusco, pudimos apreciar lo que iba a ser la primera obra que hacía que valiera la pena haber viajado hasta acá.

La mayoría de las obras están construidas sobre montañas, por lo que las gradas se van a convertir en el pan de cada día.

Había un viento abrazador pero era soportable ya que el clima era húmedo.
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Esa noche nos hospedamos en el Hostel Los Andenes. Súper recomendado. Me encantó el trato del personal y las habitaciones eran súper limpias. Creo que me fascinó porque nos tocó una habitación privada.IMG_0781

Dejamos nuestras maletas y decidimos recorrer este pequeño pueblo.


Ahí, disfrutando de la tarde, se nos aceraron un niño de 7 años y una niña de 5, vestidos de su traje típico, ofreciéndonos una foto con ellos.

Dios se puede manifestar en pequeños detalles tan simples, que se nos pueden pasar desapercibidos.

No nos tomamos una foto con ellos, pero sí nos recordó a Juanqui, mi sobrino e hijo de mi hermano.

Hicimos una video llamada con Juanqui y pudo hablar con este nuevo niño que conocíamos. Debo admitir que se me estremeció el corazón. Él estaba en Costa Rica y su única obligación es ir a la escuela, mientras que este niño peruano tenía que salir todos los días a trabajar, para ayudar en su casa.
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Después del interrogatorio que le ofrecimos Pao y yo, nos fuimos a buscar souvenirs.

Cansados, terminamos el día, expectantes del tan esperado viaje que nos esperaba al día siguiente: Machu Picchu.
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