Visitando tierra INCA: Machu Picchu

Nuestro día inició antes de las 4 a.m., alistamos nuestras cosas, recogimos nuestro desayuno que estaba en una bolsa de papel y caminamos del hostal hasta la estación de tren de Peru Rail, que estaba a unos diez minutos caminando.

¡Es sorprendente lo seguro y tranquilo que es Ollataytambo!

Cuando llegamos a la estación de tren, había unas filas eternas de personas que iban a comprar el boleto. Como recomendación: deben comprar el boleto mucho antes de llegar a Perú, así se aseguran su espacio.

Preguntamos donde podíamos esperar; no habían bancas y nos sentamos en un muro a desayunar.

Es súper importante que lleguen antes de las horas establecidas, los peruanos son muy puntuales.

Abordamos el tren y el paisaje a continuación fue de ensueño. El tren tiene una ventanas panorámicas que permiten ver toda la naturaleza, además sirven té de coca y te dan snacks.

Unas cuantas horas más tarde, llegamos a nuestro destino: Aguas Calientes, pueblo que resguarda el majestuoso Machu Picchu.

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Al bajarme del tren me sentí Harry Potter llegando a Hogarts: el sonido, la gente caminando rápido y las montañas imponentes.

Nuestro guía nos estaba esperando en el lugar y nos dirigió a donde tomaríamos el bus que nos llevaría a esta ciudad Inca.

El costo del bus es de poco menos de 30 dólares, y se puede adquirir el pasaje en el lugar o comprarlo antes.

Conforme se vaya llenando el bus, así van saliendo.

Mi maleta iba tan pesada, que casi no cabíamos en un mismo asiento. Mi acompañante era un colombiano muy simpático y hablantín. Fue tanta nuestra conversación que cuando me percaté que debía maquillarme, ya habíamos llegado al lugar. Es por esa la razón de que en todas mis fotos de este lugar salga al natural.

Una de las cosas que hicimos a parte del comprar la entrada a Machu Picchu, fue comprar la entrada para ir a WuaynaPicchu (Montaña joven), que es la montaña grande que sale detrás de Machu Picchu. Esta tiene un costo adicional, pero vale la pena.

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Si quieren ir tienen, que comprarla antes de llegar al lugar, ya que solo habilitan 200 entradas al día.
Además, dan horas de entrada, por lo que hay que estar al tanto y entrar a la hora establecida.
También, hay casilleros para dejar las pertenencias, el costo es de casi dos dólares.

Yo había leído que había que caminar: pero ¡por Dios! Eran innumerable cantidad de gradas. Se tarda aproximadamente una hora subiendo, trayecto en el que se prueba la condición física. Mi recomendación: ir preparado físicamente para que no sea una tortura.

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La vista era simplemente maravillosa.

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En la cúspide es bastante reducido el espacio, por lo que uno no se puede quedar mucho tiempo.
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El clima en el lugar es bastante cálido, parecido al de Pérez Zeledón, es preferible llevar ropa deportiva y bloqueador solar.

Al descender de WaynaPicchu, tuvimos que buscar un lugar para desayunar como se debe.
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A las 11 a.m. iniciamos el recorrido por la ciudadela. El sol era abrazador. Los incas construyeron este lugar trayendo la mayoría de piedras de otros lugares y fue creada en una montaña para tener ventaja sobre sus enemigos.

Las estructuras fueron construidas en piedra y los techos eran de paja. Cada detalle, cada arista, eran perfectos.

Las visitas a este lugar van a ser, en algún momento, controladas al máximo, ya que este tesoro se deteriora.
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El guía no dejaba de explicarnos para que servía cada estructura, nos señalaba los salones de rituales y como vivían.

La ciudadela es pequeña pero única, y no fue del todo finalizada.
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Al terminar nuestro recorrido, tuvimos que hacer una larga fila para tomar un bus. El lugar es desordenado ya que no hay un espacio designado para esperar el bus.

Tardamos como 20 minutos haciendo fila para el bus.

Llegamos nuevamente a Aguas Calientes buscamos un lugar para almorzar.

Fuimos al mercado y esperamos el tren.

Durante el camino, fuimos atendidos como dioses. Nos dieron bebidas, frutas y cena. Además hubo un show súper llamativo que me hizo sentir que estaba en un lugar mágico.

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Hicimos conversación con un científico estadounidense. Lo lindo de los viajes es precisamente eso: conocer gente nueva. Como consejo: no les dé miedo hacer conversación con alguien o hablar inglés. ¡El que no arriesga no gana!

El destino final del tren era Poroy y se los aconsejo ya que es el pueblo más cercano a Cusco.

Si se toma de Aguas calientes a Ollataytambo, tiene que quedarse en el lugar y luego se demora dos horas y media llegar a Cusco.

En cambio si el tren llega a Poroy, se toma un taxi y dura 30 minutos en llegar a Cusco y el precio es de 10 dólares ¡Súper barato!

Pasamos de un clima cálido al frío Cusco.

Llegamos a nuestro hotel, con los maletines cargados de chunches y con el alma llena de satisfacción.

Habíamos cumplido el sueño de Juank, mi hermano, de visitar este lugar. Habíamos tachado un renglón de la lista de ”Sueños por cumplir”.

Esa noche me dolieron mucho las piernas, sin imaginar que un día después me esperaba mi adversaria del viaje: La Montaña de los Siete Colores.

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