Bicis, marihuana y prostitutas

Ya cuando mi paciencia y esperanza se estaba extinguiendo, apareció alguien del personal de Flybe (la aerolínea que nos había dado estos dolores de cabeza), empezó a digital mis datos en la computadora y nos entregó los pases de abordar a todos, se disculpó con el inconveniente y nos deseó un buen viaje.

Salimos corriendo para pasar seguridad y migración y tomamos nuestro tan pulseado vuelo hacia Holanda.

El viaje fue corto. En el aeropuerto de Ámsterdam nos hicieron bastantes preguntas de nuestros planes en Europa y nos dejaron entrar.

El día nos recibió gris y frío. Tomamos un bus del aeropuerto hacia Ámsterdam (se paga con tarjeta), nos bajamos y ahí fue donde me sorprendí.

Las bicicletas es el medio de transporte principal de la ciudad, hay ciclo vías que de verdad respetan, y son cientos de cientos de bicicletas. Desde el señor mejor vestido hasta el adolescente: todos andan en bici.

Caminamos hacia nuestro hostel y podíamos ver la diferencia del lugar del que veníamos. La gente andaba tranquila, disfrutando su día, admirando esa ciudad llena de canales y puentes, poblada de edificios perfectos.

La vida te da señales, destellitos de gloria, de gratitud, de llenura… y de eso me llené en Ámsterdam.

Era una ciudad que sin querer necesitaba, un lugar en el que estaba lejos pero cerca de casa. Siempre he creído que hay lugar al que pertenecemos y que solo lo sabremos cuando lleguemos.

¡Me encantó! La gente no te volvía a ver aunque anduvieras descalzo, ellos realmente viven su vida.

Donde fuera que viera, era un ángulo divino para una foto, las personas estaban dispuestas a ayudar.

La gente es amigable y simpática.

Hay ferias lindísimas con muchos tulipanes de todos los tipos.

Pudimos ir a Heineken Experience , un tour innovador y lleno de la esencia del lugar: pasar buen rato con buena música. Les recomiendo que compren las entradas por internet, ya que hay paquetes que incluyen varios tours a un precio accesible, por ejemplo nosotros también pudimos andar en bote e ir al el mirador de la Torre A’DAM, lugar que se puede ver toda la ciudad pero hacía tantísimo frío que tuvimos que bajar rápido.

Tomamos el ferry gratuito que nos dejaba en la ciudad y caminamos a nuestro refugio.

Quisiera tener las palabras correctas para describir lo lindo del lugar. La gente se respeta entre ellos.

Pasamos por el frente de la casa de Ana Frank, lugar que estaba súper lleno. Si quieren visitar este sitio turístico deben comprar las entradas por internet con muchísima anticipación.

Otra cosa por la que amamos Ámsterdam fue porque veníamos de comer no tan bien en Londres, por lo que encontramos un restaurante de comida para llevar ‘’Wok to Walk’’ y lo amamos. Se los recomiendo mil. Es comida china: arroces, fideos, nuddles, etc etc.

Al día siguiente, tomamos un tour de SANDEMAs, una empresa que puede reservar en línea: los tours son gratis y al final del recorrido se da una propina.

También dan puntos de encuentro, por si no pudo hacer la reservación en línea, llegar antes de la hora acordada y pedir un campo.

Lo mejor de todo es que son en español, así que no se tienen que preocupar si no hablan otro idioma. También los ofrecen en inglés.

Ingresen al sitio web y se enteran de todo.

Nosotros tomamos el city tour y nuestra guía era una simpatiquísima española, Beatriz, quien nos explicó muchos datos curiosos de la ciudad: los canales los limpian cada tres días, por eso no huelen feo, hay varios edificios que están inclinados, la ciudad es multicultural, los holandeses son súper básicos para poner nombres, que una de sus amigas ha tenido tan mala suerte que le han robado 10 bicicletas y que súper extraño que eso se dé.

Los guías son súper buenos, ya que ellos mismos le tienen que poner para ganarse buenas propinas.

El tour duró unas tres horas aproximadamente.

Ya en la noche, tomamos otro tour hacia el Barrio Rojo, y aquí es donde quiero que lean sin prejuicios.

La marihuana no es legal en Holanda pero a ellos no les importa que la gente la fume, siempre y cuando con su moderación como el tabaco.

La prostitución es una profesión más en el lugar, no se le desacredita y tributan como cualquier otro oficio. Tienen su asociación, su guardería y sus comercios.

Cuando entras al Barrio Rojo, es como entrar a otro mundo: lo que usted ve ahí se va a quedar ahí porque todos se mueven bajo el mismo sentimiento el cual es disfrutar.

Andar tomando alcohol por las calles no es permitido, por lo que se quedan en los bares, mientras hacen tiempo para ir por aquellas vitrinas llenas de luces para ver cual de las mujeres les llama más la atención.

Las calles son estrechas, no caben vehículos, pero son limpias y cuidadas.

Las muchachas se encuentran en pequeños cubículos con un vidrio de puertas, ellas se exhiben de la mejor manera pero siempre cubriendo sus partes íntimas, ya que se les prohíbe estar completamente desnudas.

Son tres pisos que se utilizan para la exhibición de ellas, los pisos de arriba son casas en el que viven familias que no les incomoda que sus hijos vean este trabajo.

Las mujeres rentan el cubículo por horas, la jornada es de 8 horas diaria, como en cualquier otro trabajo. Al público solo se muestra ese pequeño espacio de 1×1, pero detrás de la cortina hay una cama y un baño.

Ellas se encuentran en callejones por sectores: las big mamas (las latinas), las finas (ya tienen sus clientes fijos), las María José (María arriba y José abajo) y las de mayor edad.

Depende el piso y del área, así depende el alquiler que deben de pagar por día.

Es terminantemente prohibido tomar fotos y ellas están vigilantes a eso.

Justo estábamos pasando por en frente de las María José, cuando un señor va pasando, y saca disimuladamente el celular y toma una foto, una de las muchas lo ve y empiece a tocar desde adentro el vidrio de manera violenta.

La policía llegó en instantes y detuvieron al señor.

Muchas de las familias de las mujeres que trabajan ahí, que son de otros países, desconocen el verdadero oficio de ellas. por lo que una foto en las manos equivocadas, puede llegar a la persona incorrecta.

Los oficiales patrullan el lugar en las horas de jornada laboral.

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Como es una profesión permitida, ellas tienen muchas medidas de seguridad y tarifas.

Quince minutos cuesta 50 euros (unos 35mil colones), lo que incluye sexo oral o relaciones sexuales de cuatro.

Si usted desea besos, masturbación, abrazos, diferentes poses o lo que su mente quiera, tiene costo adicional.

¿Porqué utilizan esta posición?: Primero porque está comprobado, según los datos que nos dieron en el lugar, que los hombres eyaculan más rápido al ver a la persona en posición de perro, segundo por que ellas a un lado de la cama, tienen un botón que alerta a la policía en caso de cualquier emergencia y tercero, porque se pueden defender con mayor rapidez ante cualquier acto no acordado.

Todas estaban muy arregladas. Buscaban cualquier mirada para poder enganchar. Arriba de su cubículo había luces, y dependiendo del color alertaba que ellas estaban ahí pero estaban trabajando.

Pero no solo estaban ellas, habían muchos otros sitios de entretenimiento sexual como teatros con obras con sexo en vivo, cuartos probados con películas porno, tiendas, exhibiciones en el que usted veía pero no podía tocar a la actriz, en fin, todo lo que usted se pueda imaginar, ahí estaba.

El lugar era ideal para despedidas de solteros y habían muchos festejándolos.

Lo que más me gustó de ahí, es que nadie andaba viendo lo que hacía el otro, todos andaban en lo suyo y en sus misiones.

Lo encontré fascinante: poder estar en un lugar disfrutando y que no lo juzguen. Yo no podía dejar de observar, porque nunca había visto algo así, gente relajada y entonada sin importarles el ‘’qué dirán’’.

¡Ahí nadie se conoce!

Salimos del sitio y volvimos al Ámsterdam tranquilo.

Eran las 11pm y hacía una hora que anocheció. Volvimos a nuestro cuartos y nos dormimos, impactado por el gran día que tuvimos.

Nuestro paso por ahí fue de sólo tres días y yo sentía que había vivido una eternidad ahí.

Aprendí más de lo que creía: puedo vivir sin juzgar y no me incumbe lo que los otros hacen.

Cuando viajamos en bote por los canales escribí esto:

‘’Amsterdam ha sido un encanto aún con mi crisis de llegada (el problema en el aeropuerto y se me rompió la lycra en medio de un tour, justamente en la parte trasera). Son cosas con las que lidiamos las mujeres y no podemos predecir pero sí saber como llevarlas.

No tenía planeado amanecer un día sin querer tomarme ni una sola foto porque no estaba en el mood, hoy el pelo no se me acomodó para ninguna parte y el frío me ha resecado tanto la piel que me siento más lagarto que humana. De toda la ropa que traje, hoy no me combina nada.

Hoy esto aquí, viva, con un montón de complejos que debo derribar. Hoy estoy aquí en Holanda porque he trabajado, me he esforzado y me la he creído. Hoy estoy aquí porque soy una mujer fuerte y valiente. Hoy escribo esto porque lo necesito, necesito recordármelo y necesito que quién me lee sepa que uno tiene crisis aún cuando se anda de viaje. No todo son maravillas cuando se pasea, pero hoy puedo tener una actitud distinta y ser agradecida. Hoy puedo respirar el momento y decir gracias cuerpo por vivir un día más, por transportarme y por amarme’’

Leo esto y veo que cada día avanzo.

Empacamos nuestros chunches y nos fuimos para el aeropuerto…¡Italia nos espera!

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Un comentario en “Bicis, marihuana y prostitutas

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