Italia

Quisiera ponerle algo realmente interesante pero mejor les voy a contar lo que realmente pasó.

Llegamos al aeropuerto después de un inolvidable viaje a Ámsterdam, íbamos con el corazón hinchado de emoción y expectativas: nos habían contado tantas cosas lindas del lugar y habíamos visto muchas pelis desde niños de todos la arquitectura que le quitaba el hipo a cualquiera.

El aeropuerto era inmenso, tuvimos que caminar bastante para llegar a la estación de tren que nos  dirigía a Roma.

Al llegar a la casetilla, la señora que nos atendió fue bastante grosera, al preguntarle cual era el próximo tren a la ciudad.

Un consejo muy importante: ni intenten hablar en inglés. Simplemente lo detestan. Es mejor hablar en español y empezar a adivinar qué es lo que responden que hablarle en inglés, sólo se buscarán que los ignoren en el mejor de los casos.

Tomamos el tren, realmente fue muy confuso desde el tiquete hasta adivinar cual era, no había ningún funcionario que nos orientara. Seguimos el buen instinto de Fabio y nos montamos.

El trayecto tardó una hora. Nuestro Airbnb estaba a metros caminando de la estación de tren. Yo no estaba segura, al salir de la estación, si había llegado a Roma o al Mercado Central de San José.

Habían tiendas de ‘’pase adelante’’ en cada paso, las calles estaban sucias y el aceras abarrotadas de personas. En los tres países que habíamos visitado anteriormente, no nos habíamos topado con tremendo escenario.

Caminar se sentía extraño, había como esa sensación de que en cualquier momento íbamos a ser envestidos.

Llegamos a nuestra casa y nos acomodamos. Era una casa con tres cuartos, uno ya estaba ocupado por una pareja, dimos un tímido ‘’hello’’ y nos encerramos en el cuarto. Ya llevábamos dos semanas viajando y ocupábamos lavar.

Había una lavadora en la casa (cuando hablo de casa es en realidad una parte de un piso de un edificio de varios pisos, es muy poco común ver casas individuales) y todas las instrucciones estaban en italiano. Tenía que ser positiva, para eso está Google Translate.

Anteriormente habíamos ido a un súper y habíamos comprado varias cosas para cocinar, por lo que mi misión de ese día era lavar y cocinar.

Cuando estaba hablando intentando descifrar lo que decía, hablaba en voz alta, en lo que se me acerca el muchacho del otro cuarto y me pregunta: ¿habla español?, volví a ver con la cara de loca ya que la lavadora me estaba ‘’jamoneando’’ y le dije: Sí.

El me respondió con una sonrisa y me dijo:

Él: Ah perfecto, si sabe como utilizar me avisa nada más.

Me quedo pensativa, ese acento era demasiado conocido.

Yo: Claro claro, yo le aviso. Aunque realmente ni sé que estoy haciendo, ¿será que sirve?

Él: Diii, de fijo tiene que servir.

Ahí estaba, yo ya sabía que estaba hablando con uno de los míos.

Yo: ¿Usted es de Costa Rica, verdad?

Él: Sí

Yo: ¡¡¡Yo también!!!

De inmediato y casi coordinado, Fabio y la novia de él salieron de cuarto, estaban en la habitación escuchando todo lo que hablábamos y fue como escuchar la campana del recreo cuando dije que yo era tica.

Me dieron tantas ganas de abrazarlos, sentí muchísima alegría de ver que no estábamos solos.

Nos sentamos a hablar como si nos conociéramos de toda la vida. Caro y Héctor son de Heredia.

Cocinamos y conversamos de nuestros viajes y de lo que nos faltaba.

Así que puedo decir que fueron esos ticos, lo mejor que pude ver en Italia.

Al día siguiente fuimos juntos al Coliseo Romano y luego nos quedamos de ver en la casa en la noche para cenar juntos.

Las entradas al Coliseo es mejor que las compren en línea, ya que hay filas interminables para poder comprarlas ahí.

Roma no es lo que sale en las fotos, es una ciudad muy sucia y desorganizada, más en sus puntos más turísticos.

En las afuera del Coliseo, los jardines no les daban mantenimiento hace mucho tiempo, el metro fue excesivamente sucio, los basureros no los recogían, se desbordaban y los perros rompían las bolsas.

¡Estábamos en shock!

Caminando fuimos a la Fontana Di Trevi y almorzamos en un restaurante por 10 euros cada uno que se llama Achille al Pantheon, que queda cerca también del Panteón.

Llegamos a la casa y cenamos con los otros ticos, ellos se iban al día siguiente.

Los ticos tenemos eso lindo: sea donde sea, hacemos yunta fácilmente. Así que sabemos que hicimos unos amigos ticos en Italia 🙂

Al día siguiente, fuimos al Museo del Vaticano, las entradas las compramos en Get Your Guide, una app muy confiable y que se las recomiendo mil ya que tiene la facilidad de poner en qué ciudad estamos y las cosas top que se pueden hacer, además de que tiene la opción de elegir el presupuesto que se tiene.

El Vaticano es otra cosa, era limpio, organizado, habíamos demasiados turistas y era increíble el montón de piezas y objetos valiosos.

Nos entretuvimos mucho al conocer la historia de cada pintura, cada pieza que diseñaron para las miles de iglesias que existen.

Al dirigirnos hacia la Capilla Sixtina, era montones de personas arriadas como ganado era como ‘’empujar un poco de plasticina en un tarro’’ como dijo Héctor el día anterior.

Nos apretujábamos mucho en esos inmensos pasillos aterrados de gente. El trayecto fue largo y eterno, no apto para claustrofóbicos.

Y aún nosotros no siendo católicos, al ver esa imagen nos impactamos. Esa pintura que había dibujado Miguel Ángel cautivaba hasta al menos creyente.

Y es que es un todo. Todos los detalles convergen en esa imagen del cielo teniendo contacto con los humanos. Nos sentamos, ya que no podíamos dejar de admirar tal obra.

La gente se dormía, lloraba, hablaba y oraba. La magia del lugar es inexplicable.

Salimos y fuimos a la plaza de San Pedro, lugar donde los devotos esperan al Papa.

Al día siguiente tomamos el tren hacia Venecia, lugar del amor. Todos los boletos de los trenes los compramos con la app Trainline y es un éxito porque guarda los boletos aún cuando no se tiene  internet.

El día que llegamos a Venecia fue bastante oscuro, nunca salió el sol. El lugar tenía un aspecto sucio, pero bueno, había que tenerle fe.

Llegamos al hotel Agli Artistini, que lo súper recomiendo ya que el precio era promedio, la habitación impecable y tenía desayuno incluido.

Conocimos lo importante del lugar en un día, caminamos por la mayoría de calle que pudimos, recorrimos extremos a extremo. Se puede recorrer en un día. La ciudad es linda pero no encantadora. Hay un mal olor, ya que son aguas estancadas.

Mi recomendación: para conocer canales es mejor ir a Ámsterdam.

Obviamente el lugar es más caro de lo normal y si van a Burger King, no pidan salsa de tomate pensando que es la que estamos acostumbrados, ya que sirven literal salsa de tomate como la de la pizza.

Al día siguiente tomamos otro tren hacia Torino, una parada obligatoria para aquellos fanáticos a la Juventus.

Los trenes son un completo éxito, no se siente el movimiento, por lo que pude ver mi serie sin marearme.

Torino es una ciudad más tranquila y mucho más limpia, habían grandes parque llenos de árboles y lagos. Aquí sí que descansamos.

Tomamos un shuttle hacia el aeropuerto. Mi nivel de aceptación por Italia no mejoró en Torino, al contrario, ya que un restaurante japonés terminó de demostrarme que habíamos tenido mala suerte con toda la gente que nos atendió en este país.

Tras de que escuchar a un oriental hablar italiano con su acento japonés tan arraigado era complicado, fue más aún poder darnos a entender. Sea cual sea el idioma, no nos podíamos comprender y ellos no estaban interesados en querer explicarnos, ya que su restaurante estaba lleno y no ocupaban nuestra plata.

Nuestro próximo destino era Barcelona… y yo sólo pensaba: ¡Barcelona, por favor sálvame el viaje!

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